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Articles & Interviews
Rani Calderón, el nuevo pulso de la Filarmónica \ Romina de la Sotta Donoso (Following the nomination as musical director of the FIlarmonica de Chile, and in connection with the solidarity concerts after the earthquake in 2010)
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Debuta como director titular con cuatro conciertos solidarios en el Teatro Teletón:
Rani Calderón, el nuevo pulso de la Filarmónica
Conozca la inspiración y las decisiones del talentoso músico de 37 años que no descansará hasta que la orquesta del Teatro Municipal madure un sonido propio. Aquí, su plan que incluye a Beethoven, pues "es como un vestido blanco, no te perdona".
"Es muy simple explicar por qué acepté ser director titular de la Filarmónica. Primero, porque tuve una relación muy buena con la orquesta y con el coro; siempre he tenido un muy buen entendimiento con la dirección artística del Teatro Municipal; y el trabajo aquí es súper interesante; se hacen óperas de todos los estilos, una serie completa de conciertos sinfónicos, y también ballet, en lo que me gustaría participar más adelante", dice Rani Calderón (37).
Así de joven, el músico israelí ha conducido a las más aplaudidas orquestas, en los más cotizados escenarios, y ha cosechado el amor de la crítica. Desde 2002 ha venido como invitado al Municipal, para conducir óperas de Gluck, Mozart, Leoncavallo, Puccini, Verdi, Wagner, Rossini.
"El elenco que tuve el año pasado para 'Tristán e Isolda' (Wagner) y para 'La italiana en Argel' (Rossini) lo puedes encontrar sin problemas en el Metropolitan Opera, y no cobran aquí lo mismo. Eso se debe un 100% a la personalidad de Andrés Rodríguez (director artístico del Municipal). Él sabe cómo crear las condiciones para que la gente quiera venir. Piensa en los roles principales que tengo este año, Jeanne-Michèle Charbonnet y Roberto Frontali, son de los mejores cantantes del mundo", comenta. Ellos actuarán, respectivamente, en "Elektra" de Richard Strauss y "Macbeth" de Verdi.
Calderón acaba de dirigir en Toulouse "Euryanthe" de Carl Maria von Weber, con el aplauso unánime de la crítica. "Casi no se toca, pero es una obra tan bella... Es la base de todo Wagner, quien la dirigió muchas veces". Aclara que su interés en el repertorio alemán "no significa que me interese menos hacer Mozart o Verdi. Tengo gustos bastante amplios". Por lo mismo es que ha profundizado en las tres escuelas operáticas.
PALABRA MUSICAL
"Entendí bastante temprano que el estilo de la música está muy ligado al idioma", confiesa. De hecho, bien joven aprendió lenguas -hoy habla fluidamente hebreo, inglés, italiano, francés, alemán, ruso y español- mientras paralelamente estudiaba y trabajaba con cantantes: "Intentaba entender dónde está la diferencia de expresión en la música, pero en el contexto de la palabra. Cada idioma tiene un sistema expresivo propio. Y sin entender eso no puedes entender la música, porque la música viene de la palabra", comenta.
"Decidí convertirme en director de orquesta al escuchar una grabación de la Primera Sinfonía de Beethoven por Bruno Walter; era tan distinto de todo lo que había conocido: transparente, pero también expresivo y lleno de calor, de humanidad. 'Eso es lo que quiero hacer', me dije". Tenía 15 años.
Maria Callas es la otra figura que lo marcó. "Ella es mucho más que una cantante; tenía un genio de interpretación. Lo que hizo no tiene nada que ver con la ópera; era un ser tan poderoso y sublime que, para mí, pertenece a un club de élite donde están Mozart y Shakespeare".
-¿En qué momento musical está la Filarmónica?
"El maestro Latham Koenig nos dejó una gran herencia; creó una base sólida para la nueva Filarmónica. Trataremos de consolidarla llenando todos sus puestos; y para eso tendremos cuatro días de audiciones sólo para chilenos. Aunque el Teatro Municipal tiene una dimensión internacional, pues vienen los mejores solistas del mundo y directores importantes, antes que todo pertenece a Chile y a los chilenos".
-La orquesta, ¿tiene ya un sonido propio?
"Es difícil crear un sonido propio de la orquesta si siempre hay gente que viene y que va. En un teatro que se hace mucha ópera y ballet, se hace muchísimo repertorio del siglo XIX, romántico. Por eso, en la programación sinfónica hay que poner mucha atención al estilo clásico, que es la mejor escuela. Con Beethoven, Mozart, Haydn o Schubert la orquesta está desnuda y eso les permite a los músicos mejorar; cada uno aprende a controlar cada sonido, matiz y corrección. Beethoven es como un vestido blanco, no te perdona, está todo expuesto".
Para apoyar a los damnificados por el terremoto de febrero, habrá dos programas esta semana en el Teatro Teletón, siempre a las 19:00 horas y la entrada serán alimentos no perecibles. "Es una buena ocasión para que el Municipal sea también el teatro del pueblo", dice Calderón. "Me parece importante hablar con el público en estos conciertos, así que lo haré".
Mañana y el miércoles, la Filarmónica, el Coro del T. Municipal y los solistas Pamela Flores, Lina Escobedo, Gonzalo Tomckowiack y Marcelo Otegui interpretarán la Novena Sinfonía de Beethoven. "En esta obra, Beethoven toma y elabora aun más una idea que ya había iniciado en su Quinta Sinfonía, el paso de una cosa muy dramática y muy trágica en Re menor a una exaltación en Re mayor. Además, incorpora el texto del gran poeta alemán Schiller. Es la primera vez en la historia de la sinfonía en que se agregan el coro y los solistas, que antes pertenecían a otro mundo".
El viernes y sábado, en tanto, Calderón no sólo conducirá a la Filarmónica, sino que además será el solista en piano en el Concierto N° 24 de Mozart. Pero también habrá Beethoven, a través de su Séptima Sinfonía. "Es la más alegre de todas sus sinfonías", dice. "Beethoven y Verdi son los compositores más humanos. En sus movimientos lentos uno tiene la impresión de que Beethoven está sobre una montaña dirigiendo y toda la humanidad está cantando. Ese tipo de generosidad, de sentimiento, de calor, es muy oportuno hoy".
DESAFÍO 2010
Este año, Calderón y la Filarmónica abordarán a Brahms, Schumann, Haydn, Weber, Berlioz, Mozart y Prokofiev, a los chilenos Allende, Soro, Errázuriz y Vergara. En 2009 escuchó a la Sinfónica y Max Valdés en "Tres Aires Chilenos" de Soro. "Era una obra estupenda", dice.
"El Mercurio" 14/3/2010, www.emol.com
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Massis et Calderon ou un retour à l’essentiel…\ Philippe Ponthir ("La Sonnambula", Vlaamse Oper 2007)
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Notre petit royaume vient de connaître un festival de Bel Canto. Ciofi en concert à l’ORW , une rare Elisabetta rossinienne à Bruxelles, enfin, Maria Stuarda, également à l’Opéra de Liège. Au sein de cette actualité qui n’a pas toujours tenu ses promesses, Marc Clémeur crée l’évènement avec ses Sonnambula. Sa recette est simplissime, mais d’une efficacité absolue : une affiche homogène, judicieuse et d’une complémentarité exemplaire, les débuts de Rani Calderon, enfin, Annick Massis, une des plus belles Amina sur le plan international. Pour une expérience passionnante, nous avons eu le plaisir de suivre l’entièreté des représentations.
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D’un vero Bel Canto ?...
Rani Calderon mérite un article à lui seul, tant il frappe les esprits. A l’heure aseptisée qui est la nôtre, les «grands» médias croient de bon aloi de servir à la louche, des produits de plus en plus policés pour être honnêtes. La sensation d’avoir en face de soi une révélation, est une expérience de plus en plus rare. Fort d’un charisme conscient tant à la ville qu’à la scène, Calderon, chef israélien de 35 ans, impose avec le physique d’un jeune premier, mais surtout de réelles propositions musicales, une Sonnambula qui ne laissera aucun auditeur indifférent. Rani Calderon demande beaucoup aux différents intervenants. En premier lieu, au public, à qui il réclame une oreille vierge de tout préjugé. Aux aficionados dont nous sommes, il demande non pas de renier les Sutherland, Sills ou Gruberova, mais de se souvenir qu’à l’origine, il y a un document : la partition de Bellini. Il suffit de la rouvrir pour oublier que nous avons été décontenancés lors de la prima. Que les habitudes ont la dent dure ou plutôt, la surdité prématurée… Des chanteurs, Calderon exige une extrême rigueur dès le moindre récitatif, mais également au niveau des nuances, trouvant en ses trois titulaires, des alliés de choix. Le chef ne pousse pas la philologie jusqu’à l’ascèse excessive d’un Muti. Le jeune chef est conscient et respecte la tradition des Serafin, Gui et naturellement d’une certaine Callas. Les demi cadences sont là, ainsi que les variations et même certains suraigus. La limite qu’impose Calderon est simplement le bon goût, évitant que des débordements, alanguissements ou autre pyrotechnie en forme de pièce montée, ne viennent distraire les différents protagonistes de leur mission : rechercher et servir l’essence même de la poétique de La Sonnambula. On ne peut passer sous silence, la remarquable rythmique obtenue d’un orchestre du Vlaams méconnaissable. Tout en associant le chef de chœur Jan Vuye, mention au chef israélien pour son travail de fond avec les choristes, définis en soliste protagoniste de la soirée. Enfin un chœur capable de créer des atmosphères, de colorer, de projeter des consonnes et d’employer une dynamique allant du sotto voce à la plénitude de tutti en diable. Le Bellini de Calderon se souvient de ce qu’il doit à Rossini (coloratura di sforza des cabalettes), mais également, de l’héritage napolitain (relation de séduction entre Rodolfo et Lisa ou encore le personnage d’Alessio…). Rani Calderon est un être alliant une immense sensibilité à une force incroyable. Ses réflexes scéniques sont ceux d’un très grand professionnel. L’observer diriger est une expérience captivante. Sa conscience de l’équilibre entre scène et salle est remarquable et de tous les instants. Enfin, on saluera l’intelligence artistique d’un vrai chef qui tout en ayant défini clairement ses options, est capable au fil des soirées, d’intégrer les propositions d’une titulaire expérimentée… Calderon reviendra en Belgique pour un Samson et Dalila, en 2010, à l’Opéra de Wallonie. Nous vous recommandons fortement ce rendez vous qui s’annonce déjà comme passionnant (Cura est pressenti pour le rôle titre), car, il nous semble évident que Rani Calderon évoluera très vite au plus haut niveau international. Nous espérons de tout cœur que les nombreuses sollicitations qui ne manqueront pas d’encourager ce véritable Artiste, ne lui feront jamais perdre sa spontanéité et oublier l’humilité qui définit durablement les Grands…
Published in Forum Opera, May 2008
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Uno de los directores de mayor proyeccion internacional\ Cosme Marina (Concerts with the OSPA, Oviedo 2007)
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La Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) continúa con su temporada de abono con dos actuaciones, hoy en el teatro Jovellanos de Gijón -a las ocho y media de la tarde-, y mañana -a las ocho- en el auditorio Príncipe Felipe de Oviedo. En el programa figura el poema sinfónico número 4 «Orfeo», de Liszt; el «Concierto para violín y orquesta en mi menor, op. 64», de Mendelssohn, y la «Sinfonía número 6 en sí menor, op. 74, Patética», de Chaikovski. Como solista participará la violinista Anne Akiko Meyers, y la dirección correrá a cargo de Rani Calderón. Nacido en Tel-Aviv, es uno de los directores -además, también es pianista- de mayor proyección internacional entre los de su generación. Es uno de los nombres llamados a liderar la música clásica en las próximas décadas.
-Debuta con la OSPA, ¿buena impresión?
-Estoy muy contento, porque la forma de trabajo con la orquesta es magnífica. Se ven las ganas de hacer música, y en el trabajo de una agrupación sinfónica la motivación de sus integrantes es esencial y, así, se pueden alcanzar objetivos ambiciosos. En este sentido, la OSPA es un paraíso.
-Dirigir un programa con obras tan conocidas, ¿añade dificultad?
-Sí, porque el programa no es fácil. Sobre todo, construir el mundo sonoro de una obra de la complejidad de la «Patética» de Chaikovski. Me asombra la rapidez con la que todo ha tomado forma con la orquesta, lo que habla muy bien de la inteligencia de los músicos.
-¿Por qué formaciones asentadas acaban acomodándose en la rutina?
-Tiene que ver con los procesos sociales de nuestro tiempo. El director de orquesta ha sido el rey -en cierto sentido también un dictador-, y hoy vivimos una época en la que no se acepta esa preponderancia. Todo ha cambiado frente a una autoridad que antes era más automática. Para una persona joven no es fácil ejercer una posición de poder, y deben ejercerse otras habilidades, estar muy seguro desde una psicología de trabajo adecuada, entendiendo a las personas y sabiendo dialogar.
-Esa desgana parece que, a veces, se traslada al público.
-También en este proceso existen problemas generales. Antes los niños manejaban instrumentos musicales, hoy todos tienen su ordenador. Y si no se crece con una referencia musical es muy difícil establecer relación con la música clásica a posteriori. Es indudable que tenemos que encontrar la manera de llegar a un público joven. Al final la música es comunicación pura, y tenemos un problema de imagen, porque la clásica se ve como algo antiguo. Creo que a largo plazo todo esto se puede modificar.
-Usted, además de director, es pianista. ¿Qué le aporta esa doble perspectiva?
-Acabo de hacer una serie de conciertos en Israel tocando y dirigiendo a la vez, y esto me aporta una perspectiva más completa de mi profesión. Permite otra visión, y si conoces a fondo las sonatas de Beethoven también consigues otra forma de enfocar su catálogo sinfónico. A mí me gusta la variedad, porque todo guarda relación.
-Tiene una asentada carrera como director de ópera.
-Casi me atrevería a decir que es otra profesión. Para dirigir ópera hay que ser un hombre de teatro con conocimientos del canto, de la escena y de todo el complejo proceso que implica sacar adelante una obra. La música sinfónica implica un trabajo más intenso.
(c) 2007 La Nueva Espana
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Calderon: une rareté lyrique\ Nicolas Blanmont ("La Gioconda", ORW 2006)
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Création liégeoise à l'ORW, de «La Gioconda» de Ponchielli. Dans la fosse, le jeune chef israélien Rani Calderon. Portrait d'un surdoué.
RENCONTRE
Lorsqu'il avait dirigé les représentations du «Viaggio a Reims» l'automne dernier à la Monnaie, Rani Calderon avait fait plus que bonne impression: on avait salué la maîtrise du jeune chef israélien et sa capacité à maîtriser un plateau plus que fourni, même si ce souci de contrôle se faisait parfois au détriment d'un certain abandon. L'occasion de la confirmation de ce talent émergent viendra plus tôt que prévu, puisque c'est cette fois Jean-Louis Grinda, directeur de l'ORW mais aussi metteur en scène du spectacle, qui a fait appel à lui pour reprendre, après le désistement pour raisons de santé d'Alain Guingal, la direction musicale de la nouvelle production de «La Gioconda» d'Amilcare Ponchielli.
Bruno Walter
A trente-deux ans, Calderon a déjà un joli parcours derrière lui. Né en 1972 à Nahariya au Nord d'Israël dans une famille d'origine hispanique, il date sa véritable rencontre avec la musique à ses quatorze ans: «Il n'y avait pas de musicien dans ma famille, mais j'ai commencé le piano assez jeune. A l'école, nous avions classe de musique deux fois par semaine. Un jour, quelqu'un a fait don d'une collection de 33 tours, parmi lesquels l'intégrale des symphonies de Beethoven par Bruno Walter. J'ai emprunté la première, que je connaissais déjà, mais en entendant sa version, j'ai décidé de devenir chef d'orchestre! Il m'avait montré quelque chose que je n'avais jamais rencontré, ce mélange de clarté et de romantisme réalisé avec tant de naturel.» Walter reste aujourd'hui au panthéon de ses musiciens favoris, aux côtés de la pianiste Pnina Salzman et de la soprano Maria Callas.
Après l'école et le service militaire, il entre aux académies de Tel Aviv et Jérusalem en même temps. D'un côté pour les cours de piano de Salzman, qui avait été élève de Cortot -Calderon continue à avoir une activité régulière de pianiste de concert, jouant notamment Chopin- et de l'autre pour les cours de direction d'orchestre de Mendi Rodan, qui fut, on s'en souvient, directeur musical de l'ONB. «Il m'a appris la technique, car elle donne la possibilité de travailler beaucoup plus vite: avec de bons gestes, vous obtenez déjà 70 pc de ce que vous voulez de l'orchestre. Il m'a aussi enseigné la psychologie de l'orchestre, de chaque groupe de musiciens.»
Polyglotte
Callas, Calderon ne la rencontrera forcément que par le disque. Mais sa formation côté opéra lui viendra de Bruno Rigacci, chef italien qui avait été l'assistant de Tullio Serafin et qui lui donnera sa première chance lors d'une académie d'été à Orvieto. Perfectionniste et stakhanoviste, il aime apprendre les langues des musiciens avec lesquels il travaille et des opéras qu'il dirige, ce qui lui vaut d'en parler sept couramment : hébreu bien sûr, mais aussi français, italien, allemand, anglais, espagnol et russe. Mais si la fosse le passionne visiblement, Calderon tient toutefois à être un chef polyvalent, tant il a le sentiment que le répertoire symphonique et l'opéra se nourrissent mutuellement.
«La Gioconda» sera une première tant pour Liège que pour lui: «C'est une oeuvre fascinante, mais non dépourvue de complexité. Elle se trouve juste entre «Aida» et le vérisme, et Ponchielli fut d'ailleurs le professeur de Puccini et Mascagni. Et il y a un contraste entre les sentiments que l'on doit exprimer (des passions plus proches de Puccini) et une musique, surtout au plan instrumental, qui reste très verdienne, voire belcantiste. En fait, même si le livret a pris beaucoup de libertés avec la pièce originale, on revient à Victor Hugo qui écrivait dans l'introduction d'«Angelo tyran de Padoue» avoir voulu écrire une oeuvre qui soit princière et domestique. Tout l'art est de restituer cette vulgarité en évitant le travers de la vulgarité mais aussi celui de la froideur.»
© La Libre Belgique 2006
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